jueves, 24 de marzo de 2016

Migraciones en Argentina


Argentina es un país de triple patrón migratorio
Razones estructurales y legislativas mueven a los inmigrantes hacia nuestro país y, en particular, hacia Rosario. La Universidad también constituye un atractivo.
Mariana García se ocupa de estudiar el proceso de transformación de la política migratoria argentina entre el año 2000 y 2010. Para su tesis doctoral busca, específicamente, localizar los principales actores en la transformación de los patrones migratorios, descubriendo su incidencia sobre estos procesos.
 
Para la investigadora, Rosario -como toda ciudad metropolitana y portuaria- ha sido historicamente receptiva de inmigración. Según García, la población extranjera llega hoy, en principio, por razones de caracter estructural y legislativo. "La mejora de la situación económica de nuestro país, el crecimiento del empleo y la crisis en el mundo desarrollado, en Europa y EEUU, que resulta expulsora de población migrante y local, son causas de la llegada de inmigrantes a Rosario", explica.
 
Sin embargo, la Magíster en Política para las Migraciones Internacionales sostiene que una razón de peso en el aumento de la inmigración en los últimos años radica en la nueva Ley de Migraciones (Nº 25.871, sancionada en Diciembre de 2003), que implicó un cambio sustantivo en las políticas migratorias del país.
 
"Hasta entonces nos veníamos rigiendo por un bando militar de la época del proceso, con políticas funcionales a la dictadura -expone Mariana- En cambio, la actual Ley considera al migrante sujeto de derechos humanos. Esto implica que el derecho a migrar es inalienable y personal, así como también lo son el conjunto de derechos que sobrevienen: a permanecer, a regularizar su situación migratoria, a estudiar, a trabajar, a gozar de salud".
 
Haciendo un breve repaso histórico, dice García: "Argentina surge en el siglo XIX y XX convocando a todos los hombres del mundo a habitar nuestro suelo. Gran cantidad de la población llega atravesando el Oceáno Atlántico. Esta realidad se sostiene hasta mediados de la década del 50. Después comienza  el volumen de población migrante comienza a transformarse: hay más migración intrarregional, proveniente de países limítrofes. Hasta el 2001 decrece el porcentaje de población extranjera, pasando del 30% en 1914 a un 4.1% según los datos del censo de ese año. Para el 2011, sabemos que la población extranjera aumentó un 20% por encima de la población local. Es un dato importante, ya que Argentina es un país con bajo crecimiento vegetativo".

Originalmente, la Argentina tenía un patrón migratorio como país de migración. Según rememora García, entre 1999 y 2003,los jóvenes argentinos parten hacia otros destinos, convirtiendo a nuestra país en un país de emigración.
Este proceso se detuvo relativamente. "Hay autores que plantean que Argentina es un país de triple patrón migratorio: migración transatlántica, migración intrarregional y emigración. Estos tres movimientos de migración hacen que en algunas oportunidades nuestro país sea un país de tránsito, pero este no es su rasgo característico central".

En los últimos años, se registran retornos importantes de quienes migraron por la crisis del 2001. "La política científico-técnica del país hace que muchos científicos vuelvan a trabajar aquí. También el factor de la crisis internacional pesa como causa para el regreso. Muchos argentinos viajaron a España o a Italia con la doble nacionalidad y hoy retornan porque allá están parados, o bien porque tienen un proyecto familiar que construir en su país de origen, y la mejora económica lo hace plausible", explica Mariana.
 
Quiénes llegan a Rosario y por qué
Al calor de los cambios estructurales y económicos mencionados, Rosario sigue recibiendo población extranjera. La Mg. García señala la política educativa de nuestra Universidad como uno de los principales factores. "La educación gratuita con índices de calidad altos es un atractivo", afirma.
Por otra parte, también destaca la participación de los inmigrantes en trabajos del área de la construcción y la
agricultura.
 
Pero, ¿de dónde vienen los extranjeros que habitan el suelo rosarino? Mariana revela que el volumen de la población migrante en Argentina es fundamentalemente nacido en América.
"La sociedad rosarina, en particular, es altamente receptiva a la venida de migrantes. Tenemos población de Latinoamérica, de Europa, de África, de Asia. Es importante destacar que Rosario no demuestra casos significativos de xenofobia o rechazo, como sí sucede en otros lugares del mundo", indica la investigadora
y docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.


Para Garcia, los migrantes modifican la cultura local.
Generan desarrollo, se asientan en lugares donde no se suele hacerlo  la población local, colonizan teritorios y generan redes de infraestructura, luego aprovechadas por el conjunto de la población de la ciudad.
 
En particular, Rosario les ofrece calidad de vida, programas culturales, salud y transporte. "Eso la hace ser una ciudad polo de atracción migratoria", asegura García.


"Además, es indudable el aporte de la migración al desarrollo, al trabajo, a la educación y a la diversidad cultural, una riqueza que la Argentina históricamente ha sabido aprovechar", concluye.


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Las migraciones internas en Argentina han estado afectadas por la tendencia universal de la migración del campo a la ciudad, conocida también como «éxodo rural» y una tendencia particular del país de concentración de la población en Gran Buenos Aires. En las últimas décadas también se registra una corriente migratoria considerable hacia la Patagonia.

Las migraciones internas en Argentina pueden dividirse en tres grandes etapas:
Entre provincias vecinas (1810-1930)
En los comienzos de la Argentina como país independiente el área más habitada era la región noroeste andina conformada por las provincias de Catamarca, Jujuy, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. La importancia económica-demográfica de esta región está relacionada con las civilizaciones andinas agroalfareras precolombinas, primero, y luego con la explotación minera de plata en Potosí, durante la colonia.
En 1819 la población ciudal alcanzaba el 75% y se concentraba principalmente en las provincias del norte y del oeste, donde llegaba al 82%.
En 1819 la población urbana alcanzaba aproximadamente 115.000 habitantes y estaba limitada a dieciséis ciudades, prácticamente todas capitales provinciales. Buenos Aires, con 54.000 habitantes concentraba casi la mitad (46%), seguida por Córdoba (13.000 h.), Santiago del Estero (7.000 h.) y Salta (7.000 h.).
Para 1869 la población urbana había subido al 30% y ya existían 103 pueblos y ciudades con más de mil habitantes.
De acuerdo a Lattes en este período las principales corrientes migratorias entre 1869 y 1914 fueron:
  • de Buenos Aires hacia Santa Fe, sur de Córdoba y La Pampa
  • de Catamarca y Santiago del Estero hacia Tucumán
  • de San Juan a Mendoza
  • de San Luis a Córdoba y luego de 1895 también a Mendoza
  • de Corrientes a Misiones y Santa Fe (1886-1895) y hacia Chaco y Santa Fe (1895-1914)
  • de La Rioja a Córdoba (desde 1895)
  • migraciones mutuas entre Córdoba y Santa Fe
  • de Santa Fe a Buenos Aires desde 1895
Ya en este primer período se destaca en primer lugar el gran saldo migratorio negativo de la provincia de Santiago del Estero, fenómeno que será constante desde entonces. A diferencia de las ciudades del litoral fluvial en expansión, las ciudades del noroeste acentuaron la decadencia relacionada con la crisis de la minería en Potosí, siendo Santiago del Estero la provincia más afectada por la pérdida de los mercados altoperuanos. La decadencia de las ciudades norteñas provocó que, en contra de la fuerte tendencia a la urbanización del resto del país, en el noroeste, la población rural incluso aumentara levemente entre 1819 y 1869.
La gran migración interna hacia Buenos Aires (1930-1980)
En 1930 comenzó una nueva etapa económica-demográfica desencadenada por la finalización de dos grandes procesos:
  • la Crisis de 1929 que dio paso a la Gran Depresión mundial, cerró los mercados internacionales y con ellos los destinos habituales del modelo agroexportador argentino.
  • el fin de la gran ola de inmigración europea.
El fin simultáneo del modelo agroexportador y de la ola de inmigración europea abrió paso a dos grandes procesos encadenados:
  • un considerable desarrollo industrial, concentrado en primer lugar en la ciudad de Buenos Aires y su conurbano, y secundariamente en Rosario y Córdoba.
  • una gran ola de migración interna hacia las zonas industriales, provenientes del campo y de la mayor parte de las provincias, principalmente del norte.
Esta ola migratoria interna, que al igual que la gran ola de inmigrantes europeos confluyó sobre Buenos Aires, se distinguió étnica, cultural y productivamente de aquella, llevando a choques culturales y políticos. Es en ese momento que surgió la denominación despectiva y de tipo racista de «cabecita negra» para denominar a los nuevos migrantes, poniendo el acento en los componentes étnicos de una población con mayor proporción de antepasados indígenas, españoles coloniales y afroargentinos, aunque altamente mestizada. los que ocrurrio A diferencia de la migración europea, la gran ola de migración interna tuvo un alto porcentaje de mujeres, fenómeno que tuvo un gran impacto cultural y político, en la conquista por parte de las mujeres de derechos civiles y políticos.
A lo largo de este período, los migrantes internos se instalaron mayoritariamente en el llamado cordón industrial de Buenos Aires, ubicado completamente en la Provincia de Buenos Aires, que terminará concentrando más del 70% de la población total del aglomerado urbano (9,7 millones de habitantes en 2001) y volviéndose por sí misma en la zona demográfica dominante del país, integrada mayoritariamente por trabajadores industriales mayoritariamente descendientes de migrantes internos o ellos mismos migrantes internos. Secundariamente la migración "industrial" pobló Rosario y Córdoba.
En términos aproximados luego de la gran oleada de migración interna el país quedó conformado en la siguientes grandes áreas de población:
  • Cordón industrial de Buenos Aires (conurbano): 9,7 millones. Predominio de descendientes de migrantes internos y presencia creciente de inmigrantes fronterizos. Mayoritariamente trabajadores industriales.
  • Resto de la provincia de Buenos Aires: 5 millones. Predominio de descendientes de inmigrantes europeos. Mayoritariamente trabajadores de servicios vinculados a la producción agropecuaria.
  • Ciudad de Buenos Aires: 3 millones. Predominio de descendientes de inmigrantes europeos. Mayoritariamente trabajadores de servicios.
  • Provincias de Córdoba y Santa Fe: algo menos de 3 millones de habitantes cada una.
Hacia ciudades medianas (1980 en adelante)
El proceso de desindustrialización que afectó a la Argentina desde mediados de la década del 70 influyó también en los patrones migratorios internos, modificando por primera vez en dos siglos la tendencia concentradora de Buenos Aires, para orientarse a las ciudades medianas, y a la región patagónica.
A 1998, las principales migraciones internas eran:
De Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos y Corrientes al Gran Buenos Aires.
De Buenos Aires, Chaco, Corrientes y Córdoba al Gran Rosario.
De Entre Ríos, Buenos Aires, Chaco y Córdoba a Santa Fe y Santo Tomé.
De Buenos Aires y Santa Fe al Gran Córdoba.

Texto disponible en
http://es.wikipedia.org/wiki/Migraci%C3%B3n_interna_en_Argentina

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