Los beneficios de la integración regional
Las recientes visitas de Lula
—con su amplio cortejo empresarial— y Chávez a la Argentina, dinamizan
activamente la evolución de un proyecto de integración regional que a esta
altura de su evolución, y pese a los continuos problemas que se vienen
presentando, parecería ser no solo algo inevitable sino que en realidad los
hechos parecen indicar que dicha integración está comenzando afortunada e
irremediablemente a cementarse.
Las declaraciones de Chávez en cuanto a que Venezuela, Brasil y la Argentina podrían formar la columna vertebral de la región si bien parecen, quizás, un poco sobredimensionadas en este momento, acaso porque es complicado avizorar el futuro a mediano y largo plazo por entre los barrotes de la coyuntura, en realidad no son para nada descabelladas. Los tres países cuentan con amplio capital humano, tierra fértil, recursos naturales renovables y no renovables, exportan productos de alto valor que les permite adquirir tecnologías de punta y transferirlas a la región, y fundamentalmente están atravesando una coyuntura política muy favorable para superar los conflictos sectoriales que han de presentarse durante este proceso merced a la gestión de los tres mandatarios.
Si bien el tren que salga de Buenos Aires y llegue a Caracas deberá aguardar su turno de salida, al igual que las cañerías de gas que atraviesen el continente necesitan que se alisen los suelos políticos sobre los que se apoyarán los soportes de los tubos energéticos, lo cierto es que la creación y puesta en funcionamiento del Banco del Sur ya es una realidad, que más allá de ser un logro económico es uno político.
Un logro importante pero que no ha sido debidamente reconocido por la opinión publica es el de haber conseguido des-dolarizar el intercambio comercial. Desde hace ya unos cuantos meses Brasil y la Argentina intercambian bienes sin utilizar dólares. Esta maniobra desacopla al intercambio comercial regional de la política monetaria en los Estados Unidos. De esta manera, los precios de los productos de intercambio se tornan aun más estables y esto, teóricamente, podría incrementar el volumen de intercambio comercial generando así más posibilidad de empleo en los sectores ligados a la exportación y la importación de los países involucrados.
La integración regional por sí sola no va a resolver todos los problemas económicos y sociales en ninguno de los países involucrados en el proceso, nada puede reemplazar a una política social diseñada en función de las necesidades especificas de un pueblo.
Pero, si la integración económica se logra de tal manera que cada país se complemente y dinamice mutuamente, sin entregar totalmente su autonomía monetaria y fiscal, algo que es realizable, el futuro habrá de ser muy diferente al presente que nos toca vivir. En otras palabras, se podrá alcanzar una integración adecuadamente regulada en función de las necesidades de cada uno de sus miembros.
Ningún tipo de integración regional es sencilla. La evolución paulatina dependerá en alguna medida en la capacidad de cada uno de los gobiernos en diseñar políticas de integración que simultáneamente satisfagan en forma racional las necesidades de los respectivos sectores empresariales ligados al poder y alcancen progresivamente los logros sociales en lo que hace a la inclusión y la equidad, esto último como condición sine qua non para sustentar dicha política a largo plazo.
Mucho dependerá de Lula, Cristina y Chávez, y su capacidad individual y colectiva, para concertar múltiples y complejos pactos que satisfagan a sus respectivos aliados políticos y económicos, y simultáneamente obtengan las indispensables mejoras sociales para que en algún momento nuestros hijos puedan subirse al tren en Buenos Aires y bajarse en Caracas, con paradas en países intermedios.
Las declaraciones de Chávez en cuanto a que Venezuela, Brasil y la Argentina podrían formar la columna vertebral de la región si bien parecen, quizás, un poco sobredimensionadas en este momento, acaso porque es complicado avizorar el futuro a mediano y largo plazo por entre los barrotes de la coyuntura, en realidad no son para nada descabelladas. Los tres países cuentan con amplio capital humano, tierra fértil, recursos naturales renovables y no renovables, exportan productos de alto valor que les permite adquirir tecnologías de punta y transferirlas a la región, y fundamentalmente están atravesando una coyuntura política muy favorable para superar los conflictos sectoriales que han de presentarse durante este proceso merced a la gestión de los tres mandatarios.
Si bien el tren que salga de Buenos Aires y llegue a Caracas deberá aguardar su turno de salida, al igual que las cañerías de gas que atraviesen el continente necesitan que se alisen los suelos políticos sobre los que se apoyarán los soportes de los tubos energéticos, lo cierto es que la creación y puesta en funcionamiento del Banco del Sur ya es una realidad, que más allá de ser un logro económico es uno político.
Un logro importante pero que no ha sido debidamente reconocido por la opinión publica es el de haber conseguido des-dolarizar el intercambio comercial. Desde hace ya unos cuantos meses Brasil y la Argentina intercambian bienes sin utilizar dólares. Esta maniobra desacopla al intercambio comercial regional de la política monetaria en los Estados Unidos. De esta manera, los precios de los productos de intercambio se tornan aun más estables y esto, teóricamente, podría incrementar el volumen de intercambio comercial generando así más posibilidad de empleo en los sectores ligados a la exportación y la importación de los países involucrados.
La integración regional por sí sola no va a resolver todos los problemas económicos y sociales en ninguno de los países involucrados en el proceso, nada puede reemplazar a una política social diseñada en función de las necesidades especificas de un pueblo.
Pero, si la integración económica se logra de tal manera que cada país se complemente y dinamice mutuamente, sin entregar totalmente su autonomía monetaria y fiscal, algo que es realizable, el futuro habrá de ser muy diferente al presente que nos toca vivir. En otras palabras, se podrá alcanzar una integración adecuadamente regulada en función de las necesidades de cada uno de sus miembros.
Ningún tipo de integración regional es sencilla. La evolución paulatina dependerá en alguna medida en la capacidad de cada uno de los gobiernos en diseñar políticas de integración que simultáneamente satisfagan en forma racional las necesidades de los respectivos sectores empresariales ligados al poder y alcancen progresivamente los logros sociales en lo que hace a la inclusión y la equidad, esto último como condición sine qua non para sustentar dicha política a largo plazo.
Mucho dependerá de Lula, Cristina y Chávez, y su capacidad individual y colectiva, para concertar múltiples y complejos pactos que satisfagan a sus respectivos aliados políticos y económicos, y simultáneamente obtengan las indispensables mejoras sociales para que en algún momento nuestros hijos puedan subirse al tren en Buenos Aires y bajarse en Caracas, con paradas en países intermedios.
Luis Brunstein 07/08/2008
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